Se denomina desinfección la técnica de saneamiento que tiene por objeto destruir los microorganismos patógenos, productores de enfermedades transmisible actuando sobre personas, animales, ambiente y superficies de locales, objeto y excretas que son portadores de aquellos, evitando así su propagación.
Esta acción germicida puede ser bacteriana, viricida, fungicida y esporicida, según actúe sobre un diferente tipo de microorganismo o sus formas de resistencia.
Sanear supone reducir el número de bacterias no patógenas y todas las patógenas hasta un nivel seguro requerido por los organismos de Salud Pública.
Se dice que un objetivo es infectante cuando en su superficie o en su masa lleva gérmenes de alguna enfermedad transmisible, dejando de serio cuando se aplican técnicas de desinfección o de esterilización en el más extremo de los casos.
Como breve recuerdo histórico podemos indicar que las técnicas de desinfección químicas aparecen en 1847 en Viena cuando Ignacio Semmelweis establece obligatoriamente el lavado de manos como solución mezcla de hipoclorito y cloruro cálcico en los alumnos de medicina que asisten a las parturientas consiguiendo una disminución en la cifra de letalidad de aquellas por una enfermedad puerperal del 11% al 1%. El escocés José Lister fue continuador de estas técnicas introduciendo el uso del ácido fénico.
Las escuelas de microbiología de Pasteur y Koch demuestran en los decenios siguientes el papel de los gérmenes en la infección y el valor de la asepsia.
La difusión de los métodos asépticos y antisépticos fue sobre todo a partir de 1980, en que van descubriéndose y utilizándose nuevos desinfectantes hasta llegar a la etapa actual..
- Inmersión del objeto en el desinfectante.
- Impregnación del objeto con el desinfectante.
- Pulverización
- Nebulización
- Vaporización
- Sublimación
- Circulación del desinfectante a través de circuitos.